sábado, 21 de septiembre de 2013

La fruta hecha ensalada: Soda Castro

     Está exactamente en el mismo lugar al que solía ir de niño con mi familia. Sigue al pie de la recién remozada Avenida 10 o San Martín, ya no tiene aquel colorido rótulo que engalanaba su entrada, pero lo importante es que el sabor permanece intacto.


     La Soda Castro fue fundada en marzo de 1949 por don Abel Castro, un emprendedor que comenzó su negocio vendiendo paletas heladas hechas en casa a estudiantes de escuelas y colegios principalmente. Falleció en 2002 a los 92 años y el negocio en la actualidad es dirigido por su hija Flor.

     La Soda tiene un parqueo al frente, cómodo y amplio. Una vez que se ha cruzado la avenida, el estar allí de pie frente al negocio, transmite a quien lo visita un aire de nostalgia, las ventanas no tienen los modernos microperforados que utiliza la mayoría de negocios, sus ventanas lucen el neón de antaño y los vidrios rotulados a mano, con pintura y letra de molde de varios colores, propio de una San José que se fue para siempre.  

     Dentro del negocio, el 2013 pareciese quedar afuera sobre la San Martín y la atmósfera interna es como de principios de los años 50, un gran salón, mesas redondas, un cielo raso alto y una segmentación que hoy se usa para área de juegos infantiles. Pareciese por un instante, que se escuchan conversaciones de antaño en mesas que probablemente estuvieron abarrotadas alguna vez y mezcladas por el sonido de Chuck Berry, los Beatles, Ricardo Acosta y Los Gatos...¿Cuántos noviazgos y matrimonios habrán nacido aqui? Quizá muchos....


     El estilo de atención no ha cambiado nada en mas de 60 años, se mantiene la ventanilla de pedido, donde una señora de amable faz espera la orden del cliente, frente a ella una antigua caja registradora de botones pareciera suplicarle le dé un descanso entre tecleo y tecleo, su precisión no falla y da los resultados tan exactos como el primer día.

     Un enorme menú exhibe la lista de helados y ensaladas de fruta, como novedad hay helados para diabéticos, lo cual le da un punto alto a este negocio pionero en esta industria. existe además un menú de sandwiches y cafés para quienes deseen optar por un producto diferente a los helados, la gelatina y la fruta picada.

     Elegí del menú la clásica Súper Castro (¢3500 aprox), una ensalada de frutas que su nombre hace mérito a la porción, es un tazón grande con fruta picada (piña, banano, papaya) gelatina, tres enormes bolas de helado, crema chantilly, uvas, melocotón y manzana picada, no podía faltar el clásico vaso con agua helada a un lado de la ventanilla de atención.  Los platos, cucharas y bandejas siguen empleándose en acero inoxidable, clásico. No podía faltar los clásicos barquillos para helado, cuyo sabor me recordó aquella niñez en la que si salía bien en los exámenes me premiaban con una visita a este lugar.



     La Super Castro, me ofreció un gran reto, pero rápidamente pude degustarla entre recuerdos, nostalgia y una lluvia que se avecinaba esa tarde. La clave de que este negocio siga vigente, está en el sabor que mantienen desde hace 64 años, al desfile de generaciones que concurre allí: abuelos nietos, padres e hijos, tíos y sobrinos, matrimonios que celebran el haberse conocido en el lugar y chiquillos adolescentes de hoy que formalizan su amor con una ensalada de frutas....aunque el chico solamente tenga dinero para invitarla a ella y él conformarse con un vasito de agua bien helada....


     Constructivamente, la Soda Castro debe mejorar el tiempo de atención, es un poco lento, también la infraestructura de sus servicios sanitarios y la ventilación del local,  poseen una hermosa colección de fotografías históricas y de billetes a la cual podrían dedicarle un espacio diferenciado, la música de ambiente es nula, podrían retornar a la raíz de este tipo de negocios con atención personalizada en la mesa, por lo demás fue una grata y saludable mirada a mis recuerdos.

     DE 5 LIKES POSIBLES, SODA CASTRO OBTUVO:



Siempre lo mejor, Alan Escalante

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